Tal vez Azalea.
Las estrellas son constantes cambios de luz a los ojos de Gabriela. Se la pasa fuera de su cuarto en un balcón perdido en las luces de una ciudad perdida también entre tantas en el mundo. Las ve, mira como los colores cambian y se mueven sin descanso por el supuesto vacío del universo, aunque no es vacío según su profesora de Biología. De vez en cuando alguna nube pretenciosa las cubre e impide su plática de todas las noches, entonces entristece Gabriela, toma sus cosas y entra a su habitación, a ver el techo. El techo no es exactamente lo mismo que el cielo colorido de la noche, pero por lo menos puede imaginar que ve las estrellas, cerrando los ojos verdes y cocinando conclusiones de su vida diaria. La noble mente de Gabriela no pretende buscar insensatas explicaciones, pero aún así las encuentra coladas por ahí. Así que se voltea ve la pared verde, vuelve a cerrar los ojos, y duerme.

